martes, 16 de noviembre de 2010

Miguel Hernández


El día 30 de octubre del presente año se cumplió el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández, uno de los poetas más importantes en la literatura española del siglo XX.

BIOGRAFÍA

1910.- Orihuela
Nace Miguel Hernández en Orihuela, el día 30 de octubre, en el seno de una modesta familia de cabreros.

1918.- Inicia sus estudios primarios en la Escuela del Ave María

1920.- Estudios en el colegio Santo Domingo, regido por los jesuitas

1925.- Abandona el colegio para ayudar a su padre en el cuidado del ganado.

1929.- Escribe su primer poema “Pastoril”

1930.- Aparece publicado su poema “Pastoril” en el periódico local El Pueblo de Orihuela.

1931.- El 30 de noviembre realiza su primer viaje a Madrid

1932.- En las revistas madrileñas La Gaceta Literaria y Estampa aparecen reportajes sobre M.Hernández.

1933.- Perito en lunas
Publica su primer libro de poemas “Perito en lunas” (Sudeste, Murcia, 1933)

1934.- Realiza su segundo viaje a Madrid. Publica su auto sacramental “Quien te ha visto y quien te ve”.

1935.- “Elegía” a Ramón Sijé
Se instala en Madrid y entabla amistad con Pablo Neruda y Vicente Aleixandre. A finales de diciembre muere su amigo Ramón Sijé y la Revista de Occidente publica su “Elegía”.

1936.- Guerra
Publica “El rayo que no cesa” (Héroe, Madrid, 1936). Tras el estallido de la Guerra Civil se incorpora como voluntario al Quinto Regimiento del Ejército Popular de la República.

1937.- Se casa con Josefina Manresa en Orihuela. Hace un viaje a la URSS para asistir al V Festival de Teatro Soviético. Nace su primer hijo Manuel Ramón el 19 de diciembre.

1938.- Escribe el drama “Pastor de la muerte” y el libro de poemas “El hombre acecha”. Muere su hijo el 19 de octubre. Inicia la redacción del poemario “Cancionero y romancero de ausencias”.

1939.- Nanas de la cebolla
Nace su segundo hijo, Manuel Miguel. Al finalizar la guerra es detenido en Rosal de la Frontera (Huelva) y pasa por las prisiones de Huelva, Sevilla y, finalmente, por la de Torrijos, en Madrid, donde escribe las “Nanas de la cebolla”.

1940.- Condenado a muerte
Es condenado a muerte, pena que más tarde le es conmutada por treinta años de reclusión.

1942.- Muerte en Alicante
Tras pasar por más de una decena de cárceles llega, enfermo, al reformatorio de adultos de Alicante, donde muere el 28 de marzo de 1942.

1952.- Editorial Aguilar intenta publicarlo
Primer intento de publicación de la obra poética de Miguel Hernández, en la Editorial Aguilar, a cargo de Arturo del Hoyo.

1960.- Primeras “Obras completas”
Edición de las primeras “Obras completas”, en Buenos Aires, en la editorial Losada.

1972.- Serrat canta a Miguel Hernández
Se edita el disco “Miguel Hernández”, de Joan Manuel Serrat, que sirvió para que muchos jóvenes se acercaran por primera vez a sus versos.

1976.- Homenaje en Orihuela
Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández, en el barrio de San Isidro, en Orihuela.

1992.- I Congreso Internacional sobre Miguel Hernández
I Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, en Alicante, Elche y Orihuela con motivo del cincuentenario de su muerte.

1994.- Fundación Miguel Hernández
Constitución de la Fundación Cultural Miguel Hernández, en Orihuela.

2003.- II Congreso
II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, celebrado en Orihuela y Madrid.

2010.- Centenario
Celebración, con numerosos actos -conferencias, actividades, exposiciones- del centenario de su nacimiento.

"El día que cruzamos Abbey Road (balada de perdedores)" de Antonio Rodríguez Alarcón

                                                        Pero lejos están los remotos días...

                                                                VICENTE ALEIXANDRE

Pero lejos están los remotos días
en que cruzamos Abbey Road con Jack Kerouac al frente
y flores marchitas en la solapa.
Lejos el día, amor, que decidimos ajustar cuentas con la historia,
el cabello al viento erizado de crisantemos
y el paso decidido, -desafiante incluso- , cual peatones airados.

                                              I
                                                                             Casi me alegra
                                                                  saber que ningún camino
                                                                      pudo escaparse nunca

                                                                 JAIME GIL DE VIEDMA

Hace ya tanto tiempo
que ni siquiera lo recuerdas: era septiembre y el asfalto
retumbaba bajo nuestros pies descalzos como redoble de tambor.
Septiembre y sin mirar atrás, como en tropel de elefantes anunciando
tormenta en la sabana, como en peregrinación iniciática por la Ruta 66,
la mítica cicatriz jalonada de desérticos almacenes y cantinas,
de surtidores de gasolina abandonados.
De la mano de Richard Ávedon entre mineros sin rostro
y niños desolladores de serpientes al borde de la carretera.

Desde ambas aceras nos miraban con indolencia señalando aquel paso de cebra.

¿No crees que la vida es tan efímera como un soplo,
como un silbido entre la multitud de la Séptima Avenida
en días de estreno o el Paseo de la Castellana en estruendosas
mañanas de desfile? O quizá me contradigo.
Ahora tú conjuras el paso del tiempo, cruel acompañante,
rectificando ante el espejo el perfil desvaído de tus labios
o apuras conmigo este Jack Daniel ́s congelado entre las manos.

                                             II
                                             
Cómo no advertí que levantaban esos muros

                                                              KONSTANTINO KAVAFIS

Así hemos atravesado este desfiladero en sombra.

Cuarenta años después, y prisioneros de nosotros mismos,
pilotamos un vuelo sin motor, a merced del azar, empujados a un abismo
de incierto futuro. En vuelo libre, vulnerable y frágil como hoja seca,
zarandeados por un siglo descarnado y triste.

Moviéndonos en un círculo inacabable marchamos contra la guerra de Vietnam
enarbolando un bosque de palomas de papel o fornicamos en Woodstock
sobre el lodo y bajo la lluvia en un vendaval de miles de vatios.

Ya me conoces, aunque a menudo me ignores o mires de soslayo,
como inquiriendo a quién corresponde esa pesadilla que te sigue
con docilidad canina: tú perseguías con Marlon Brando
un tranvía llamado deseo por las empinadas calles de Lisboa
hacia el Mirador de Santa Lucía, frente al Tajo, para repostar tus ojos
de azules. Yo, por ir a la contra, ya sabes, un deseo llamado tranvía
varado en una adolescencia también lejana
de cineclub universitario y libros bajo el brazo.

Habrás de convenir conmigo que el nuestro ha sido un sueño
tempranamente fracasado. Un espejismo en tiempo de rebajas.

                                              III
                                                                     Sobre un río de olvido
                                                                      va la canción antigua

                                                                         LUIS CERNUDA

El tedio y la decepción toman café en el Flore, quizá en el Deux Magots.
Desde el escaparate, algunos parece que esperaran nostálgicos
el paso de la División Leclerc con parada en Saint Germain.
El Pernod de mediodía despide una mañana huérfana de noticias.

La Rive Gauche, inmortal, perfectamente maquillada para la ocasión,
reposa en el Pere Lachaise: allí los suicidas toman el sol sobre la hierba,
antes que el Sena se reinventara convertido en playa fluvial,
y arrojan tierra sobre los turistas que pretenden inmortalizar la piedra
que sella tanto despojo ilustre.

¿Oyes? ¿Es la arenga de Joan Báez desde los altavoces
que incendian las barricadas o ese joven pelirrojo alzado sobre sus zapatos
y nuestras cabezas? No nos moverán. Hermanaremos la multitud que clama
desde la Sorbona a la Renault ahogada en un mar de propósitos y banderas.

Desde el funicular que sube a Montmartre
los niños arrojan besos a las palomas en envoltorios de chocolate.

                                            IV
                                                                (García Lorca foi fuzilado)

                                                                Deixa-o apodrecer no chão
                                                     como bandeira de carne de remorsos.

                                                               JOSE GOMES FERREIRA

                                                  Porque te quiero, te quiero, amor mío...

                                                            FEDERICO GARCIA LORCA

Y qué canción tan triste, qué vals tan desgarrado susurra Leonard Cohen,
siempre impecable, embutido en su traje de broker recién planchado.
Take this waltz, canta a Lorca como nana bajo tierra,
como el vaivén que meciera un siglo feroz y amortajado
entre el polvo de las hemerotecas. Lorca ha muerto, vals vaivén vienés.

Y también murió Machado, tan solo y triste.
Y Cernuda, tan despechado y triste.
Y Gil de Biedma, tan partidario de la felicidad, tan artista enfermo y triste.
Y tantos otros... !Oh qué muerte la nuestra tan desafecta y triste!

Muerto también de hastío, Césare Pavese dice adiós desde la ventana
de un hotel cualquiera en una ciudad cualquiera.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, escribió a modo de epitafio o testamento.
Vendrá y tendrá los ojos de ángel insobornablemente humano de Pasolini,
-mirada pícara, sonrisa canalla- que se desangra a las afueras
de cualquier playa ciega o sin luna. Ciao, amore, ciao,

Se han ido, se fueron todos dejando una estela inabarcable de decepción.

                                             V
                                                                    Ahora seremos felices
                                                              cuando nada hay que esperar

                                                                            JOSE HIERRO

Mas no desesperes: en cada esquina espera un beso, un aniversario.
En las alcobas consagradas a la decencia y la compostura,
en los prostíbulos más discretos, en los casinos de Las Vegas,
en los urinarios del Ritz cubiertos de mármol cual cámaras funerarias,
en los balnearios de Baden-Baden o Budapest,
en las oscuras salas de cine, debajo de nuestra cama...
millares de fotógrafos compitan al acecho. Retratan besos y aniversarios.

Detrás de cada beso hay un fotógrafo escondido que espía,
ladrón que espera el momento exacto: en el París de la liberación,
en cada rincón de Alexanderplatz,
en La Baixa de Lisboa un 25 de Abril,
ante, bajo, junto, sobre el Muro de Berlin,
en el aeropuerto de Moscú, en la portada de Vanity Fair...
jóvenes y soldados, astronautas y militares de uniforme,
azafatas y gánsteres se abrazan y besan
con gesto desenfadado de eterna celebración.

El mundo es eso, un brindis multitudinario con fuegos de artificio
y canapés, un fin de fiesta permanente entre muro y muro,
bajo máscaras de lodo y hambre, de plomo y sangre.

                                             VI
                                                                 
Hoy es siempre todavía

                                                                  ANTONIO MACHADO

La libertad, dicen, viaja en una Harley tronando por el puente de Brooklin.
La libertad, dicen, se desplaza en patines por las aguas heladas del Hudson.
La libertad, dicen, nunca lo he visto, se desplaza en los trenes multicolores del Bronx.
Pero ya no me excita la velocidad y me he vuelto drecreído y escéptico.

Sólo sé que hemos sobrevivido a todo
y a todo hemos renunciado a nuestro pesar.

Por eso ya no me pone el sitar soporífero de Ravi Shankar
recostado entre almohadones
ni los sesudos artículos de Truffaut en Cahiers du Cinema
ni los libros prohibidos que llegaban de Francia
ni las proclamas de Sartre impresas en ciclostil
ni la atormentada desesperación de Janis Joplin
ni la leyenda del Che para el culto al merchandising
ni el sopor de naftalina del Waldorf Astoria
ni el impostado jadeo de Jane Birkin
ni los laberintos añiles de Chaouen
ni el pálpito electrizante de Jhon Coltrane
ni las piernas eléctricas de Josephine Baker
ni los ensayos a puerta cerrada del Actor ́s Studio
ni el infierno de Malcolm Lowry ebrio sobre el volcán
ni las famélicas, anoréxicas criaturas de Giacometti
ni las tertulias inocuas del Gijón
ni el surrealismo ortopédico de Frida Khalo
ni la playa de la Mareta en noches sin luna
ni el Dry Martini en Chicote después de la corrida
ni la plaza de Jemma el Fna incendiada al atardecer
ni los baños de Marilyn en nembutal
ni el aullido patético de Allen Ginsberg
ni la revolución en vena como narcótico sublime
ni la fiesta a sangre fría de Truman Capote en el Plaza
ni la guitarra de seda de Chet Beker
ni la pasión española de Hemingway
ni la crucifixión de Francis Bacon por los bares de Madrid
ni las amistades peligrosas en el Tánger internacional
ni Louis Anstrong desfilando un Mardi Gras por Nueva Orleans
ni la rebeldía iconoclasta de Jackson Pollock
ni le bateau ivre naufragando en un mar de absenta
ni el soul comprometido de Nina Simone
ni los sórdidos garitos de Quentin Tarantino...
ni siquiera las tediosas baladas de algún poeta.

Porque sólo me pone el azul de tus ojos en los que ahora me sumerjo
y ese paso de cebra sin señalizar que es la vida.

Primer Premio, en la modalidad Nacional, del XIV Certamen de poesía "Pepa Cantarero"

lunes, 15 de noviembre de 2010

"Inviernos de adolescencia" de Jesús Moracho Sánchez

Adolescencia ingenua

El glamour de los coches deportivos
transitando lo antiguo de Orleans,
los nuevos centros comerciales,
la apertura al turismo de Mercado,
el Tratado de Maastricht, Edimburgo.
Estamos en marzo del 93, aún invierno,
nuestro viaje de fin de curso celebrando
aquellas escaramuzas dentro del hotel,
vestidos de pijama y deseo a rostro oculto,
ceñido a los paisajes más íntimos.
En esta foto salen tus ojos,
el gusto en tus labios sin maquillaje;
-¡ríete boba, cuanto te plazca!-
no me fijé en las cabezas cortadas,
ni en el cielo que adorna Notre Dame;
parecía diferente el entorno y te expresaste
con tu dulce naturalidad mágica.
Esa noche desaparecí sin contarte un secreto,
volví al hotel horas más tarde, ¿lo sabías?
Desfloré el sabor de ese salón vietnamita
en las afueras de París, con algunos políticos,
en el argot de la cosmética contable
y el Mercado Único.
Yo militaba como espía sin cargos
por ser menor, la inocencia de un niño
arropado en el pórtico de adulto
de un muro de carga y letanía.
La recesión entonces marcaba el rumbo
de la Europa, de esa vieja Europa,
siempre distanciada en el Atlántico,
nostálgica en los parterres de Luxemburgo,
en la Sorbona y sus patios.
Mi color político era el del agua,
y mi bandera las estrías de la corriente
intelectual de aquellos días ajenos a los rusos
-no acababa nunca la guerra fría-.
Muchos algoritmos de paz y portada
en la gaceta, artículos de historia,
eran tan sólo apariencia del desnudo.
Tú estabas dormida en el hotel,
tras de aquella fiesta de invitados inoportunos,
sin soñarme despierta.
No había descansos en las calles,
las luces agotadas de la ciudad en ristre
anudaban al Sena sus últimos destellos,
sus gotas de luna, sus antros subterráneos
donde hacía frío de delincuencia,
los parques drogadictos, todo era extraño.
Acabado el invierno volvía a respirar.
Recuerdo aquellos pases de cine
en La Vaguada,
los ratos libres que nos dimos al mirarnos,
tus dudas al besarme –quizás las mías-
la llegada del otoño y el cambio de instituto.
Yo conté en el calendario de mi edad
que el refugio del Château quedaba lejos,
trozos de nostalgia trastocados después,
con nuevos amigos, desamores, paseos,
alguna reunión de viejos alumnos
-aquí me presentaste a tu novio, ¿recuerdas?-.
Aquella noche te guardé un secreto:
pensaba militar en el amor, declarándome
nada inocente, ansioso de tus besos
-quizá esperamos demasiado, ¿o fui yo?-
en tu cielo de altas horas,
revelando a tus fotos prudente la soledad.
Pero estabas acompañada como ahora,
y yo pálido e insípido como el agua helada.
Esa noche sí hacía frío, todo era raro,
y Madrid amanecía parisino sin las rosas,
con el vino tinto de los pasos de cebra
y los semáforos.

Adolescencia osada

Justo a los calzos de la cuesta
empedrada en los recelos amargos,
los cruces embargados en puerta cerrada,
el viaducto y los ruinosos despachos
donde se rubricaba la historia antaño,
acristalados como boda de realeza.
Ninguno de los relojes estuvo intacto,
ni los más puntuales que se vendan
por el cambio de siglo.
De oro solamente los futuros en la noche,
como cazos longevos del cariño
que a tientas existe ingenuo
aunque naufrague el mundo;
aún marchen descuidados, ufanos, valientes,
aquellos capitanes de ala triste
que buscan el jubón amarillo y conceden
enormes las gracias al azar y al juego.
Por entonces el brillo de tus ojos era mirarte,
ceñir tu reloj en retaguardia,
hacer de mechones de espalda mis bolsillos,
cubierta con la capa del desorden
la espada de tu olvido mustio.
Al menos el susurro en callejuelas
oye el eco de tus pasos, que te han visto
cruzar apresurada de otro siglo
el patio al mentidero de la iglesia.
Preguntar por el bautizo de un futuro
y ver el mismo palpitar que se asemeja
a los clérigos contrarios a la orden
de vetar los besos sin nombre y tan callados,
aquellos de invierno, borrachos, caducos,
que se sirven en cazos de cariño.

Adolescencia adulta

Hoy puedo ver a tus ojos cansancio,
escenas de libélulas del flexo
que germinan en papel sucio.
A las lomas del atril convexo de las calles
escribirían los poetas urbanos
ese raro estudio de farolas que alumbran
tu obsceno besar de reciclaje,
la huída de los grupos de charla
a cada noche de alumnas
hablando acerca de antiguos institutos,
sobre sexo borroso y chicos a altas horas,
con tu colegio en libertad bajo fianza
y tu sonrisa pícara y adulta
mayor de dieciocho.
Esos ojos furtivos de tus alas,
ahí empieza la huída desolados
de labio a labio en la penumbra
y rastro devoto de instintos.
De estar segura en mis brazos,
los bancos de jardines esconden
la plenitud de los árboles y sus cortezas,
nuevas siluetas de corazón en los andamios
férreos de las cuentas primitivas.
Se enturbia en tu cabeza frágil
mientras se desmaya la arritmia,
la falda que impregna los vaqueros,
tu flor del orgasmo en pétalos
de respiración entrecortada.
De la alquimia de farolas que delatan,
luce el cielo anaranjado y tenso
descansando en una atmósfera de olor
selecto a tu pulcro idioma,
las termas del invierno dulce al aire,
tus manos furtivas en la sabia
y nuestro corazón apuntalado
como andamio férreo
o enredo de las ramas de los árboles.
Puedo ver tus ojos relajados,
más allá de extraños complacidos
que germinan en el banco sucio del parque.
Ya te hablé de ese raro estudio
en tus labios de universitaria
en los tiempos de entonces,
antes del segundo piso compartido,
en las noches de escapada en tu colegio.


Accésit, en la modalidad Nacional, del XIV Certamen de poesía "Pepa Cantarero"

viernes, 13 de agosto de 2010

"A ti te digo" de Carmen Sampedro Frutos

La nada en mis manos

los miedos repasan.

El reloj de cuco

se burla en mi cara.

Miedo de estar muerta

con las manos blancas

los labios cosidos

la garganta ajada.

La nada nadea

dueña de mi casa

con geranios secos

me lavo la cara.

No hay sepultura

más seca y amarga

que este pozo negro

donde veo mi infancia.

Niñez quebrada.

Pasan los recuerdos

en cajita blanca

mortaja que cubre

toda mi esperanza.

Ah, quién pudiera

volver la cara

y llamar a gritos

a gritos con garra

a gritos urgentes

a toques de campanas

llamar, llamar

gritar, gritar,

que venga a mi casa

que abra mis ventanas

y pronuncie mi nombre

-que nadie proclama-

y su voz compasiva

se acerque a mi alma

y derrita el hielo

que cuaja mi casa.

“A ti te digo, muchacha:

sal fuera, estás viva”.

Y de mis manos

huyera la nada.


Segundo premio, en la modalidad Local, del XIV Certamen de poesía "Pepa Cantarero"

"Ego" de Ana Cortés Nieto

Me preguntas si estuve
y, no, no respondo,
no voy a verme envuelto en mi marea,
de amores odios o venturas,
ni amar en un segundo, el odio y la venganza.

Ni quiero ser la brizna o el polvo
de un camino desandado.

Soy, el laberinto de sueños sin mentiras,
el correr del agua en el arroyo perdido,
en los troncos de los árboles muertos,
el vapor que flota en la atmosfera del tiempo.

No existe la verdad en los sueños,
es todo opaco o cegadora luz,
de astros oprimidos.

Es, el no ser siendo y el no estar,
queriendo ser, parte integra del todo.

Es lodo, a veces cenagal,
de costumbres impertérritas, que avasallan.

El yo imperturbable, se muestra ante el espejo,
inexistente, irreal, pero palpable
al ego que te ahoga y oprime con fuerza.

La frente con sudor, lívido el rostro,
la garganta que oprime tus palabras,
el no saber si la noche es claridad
o el día es noche, si saldrá la luna
como siempre o...quedará oculta
en los pliegues del pasado.

No, no me preguntes, mas no era yo,
pudo ser, el ego que abraza mis sentidos.

Te escribiré un poema de amor o desamor
te dejaré mis letras prendidas en el aire.

Y sentiré que sueñas en mis noches,
que abres tu ventana, al tiempo de mis días,
y quedaré escondido en laberintos nuevos,
trenzando con estrellas fantasías,
navegando en el mar de tus recuerdos,
cuando mi barca surque el océano,
azaroso y gris de mis tinieblas,
quedo, entre nubes de algodón de azúcar,
soñaré que se bañan nuestras almas,
en transparentes, cristalinas
metas de evocación nocturna
y de lamentos grises.

Atraparé las aves con mis manos
esas que vuelan del alma al infinito,
y en madrigal de espumas,
labraré lamentos, en corazón de piedra,
resurgiré de mi nada, para llegar
al todo de tus días y sembraré ramilletes
de bellas esperanzas.

Olvidaré el dolor, de las paredes viejas,
techaré, tu casa, con la sombra
infinita, que siempre te acompaña
y amoblaré tu corazón,
con mimbres amarillos,
colgaré en las ventanas de tus ojos
la belleza imperturbable de la rosa,
y moriré de amor si es necesario,
para volver a nacer con el ímpetu
de las olas, que rompen, en las rocas
que yacen oscuras, impertérritas,
en el fondo de mi mente.

Te pediré que vuelvas y alojes tu verdor,
tu negro fruto,
en las entrañas profundas de mí ser,
que arropes mis sueños con tu luna,
que invadas mi estancia,
con el profundo aroma de tus jaras,
el olor de tus patios en estío,
el jazmín que en mi infancia
me arrullara, en las tardes de siesta,
o el trueque de viejas alpargatas,
por el enorme cucurucho de torraos.
Ya ves, a lo que me lleva,
el laberinto infinito del recuerdo.


Primer Premio,en la modalidad local, del XIV Certamen Poético "Pepa Cantarero"

"El poder del tiempo" de Paula Hernández Liebo

Buscando una llama
en aquel amor desgastado,
cual unos pantalones
que han sido todos los días usados.
Tal vez haya algún resquicio de vida,
algún hilo que muestre
aquel bello pasado.

El tiempo es una navaja
que lima las emociones
y una vía fácil de olvido,
una fuente de desilusiones.

Busquemos el color
en aquel vacío desafiante
aunque el dolor
llegue a ser cortante.

Oigamos el sonido de la cascada
que no parece tener miedo de nada.
Dejémonos llevar por el viento
manteniendo en alto
nuestros sentimientos.


Poesía ganadora del XIV Certamen poético "Pepa Cantarero", en la modalidad de Infantil

"Fiesta en animalandia" de Berta López Salamanca

La oveja traviesa coloca la mesa,
el astuto lobo está inflando un globo,
la abeja muy fiel aporta la miel
y el ratón sin cola un queso de bola.

La linda hormiguilla lleva una rosquilla,
el abejaruco un bollo muy cuco,
la cabra locuela gigantes hojuelas
y el toro del prado prepara el helado.

¡Todo era divino hasta que de un pino
se cayón un piñón y le dió al hurón!

La ardilla de miedo le mordió en un dedo
y el loro, nervioso, picoteó al oso.

Un topo aturdido dió tal alarido
que a la pobre zorra levantó la gorra.

El gato maullaba, el búho volaba
y el gusano enano buscaba a su hermano.

Fueron muy contentos todos al evento
y la fiesta al final, acabó fatal.
 
Yo estoy en pijama metida en mi cama,
termino el relato y... ¡a dormir un rato!
  

Poesía ganadora del XIV Certamen poético "Pepa Cantarero", en la modalidad de Infantil