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lunes, 27 de enero de 2025

Ganadores de los Certámenes literarios de Baños de la Encina

 

Listado de premiados en los certámenes literarios del Ayuntamiento de Baños de la Encina.


                  Diseñado por @Freepik


Certamen de Nacional de Novela corta “Castillo de Baños”


2025 - "El sonido del llanto" de Miguel Ángel González

2024 - “Las huellas de Orieta” de Ramón de Aguilar Martínez

2023 - “Luz de xenón” de Mikel Rey

2019 - “La historia de Eva” de Verónica Gallego Mengod

2018 - “Lobos y caperucitas” de Andrés Morales Rotger

2017 - “Aunque Miguel me llame” de Miguel Ángel Carcelén Medina

2016 - “Luciérnaga” de Juan Lekue Goikuria


Certamen Andaluz de Poesía “Alfonso Monteagudo”

2025

Ganador: "Ausencia" de Manuel Luque Tapia

Accésit: "Caminos desnudos" de José Antonio Ariza Rodríguez

2024


Ganador: "Territorio Lumpen” de Esteban Torres Sagra

Accésit: “Etapas: la vida sin mí” de Kelly Molina Martos

2023


Ganador: “Sonetos desnudos” de Antonio Ramírez Sevillano

Accésit: “ Huellas en el silencio” de Leopoldo Espínola Guzmán

2019


Ganador: “Tregua” de Manuel Luque Tapia

Accésit: “Tiempo de otoño” de Joaquín L. Jiménez

2018


Ganador: “Jueves, cerrado por corazón roto” de Ana Vega Burgos

Accésit: “Escribir un lugar” de Marina Tapia Pérez

2017

Ganador: “Soles inmortales” de Carlos Benítez Villodres

2016

Ganador: “Interiores” de Carlos Javier Corral López

2015


Ganador: “Lux vitae” de Laura López Zárraga

Accésit: “Ceremonial del campo” de Juan Antonio Rivas Fernández

2014

2013


Ganador: “Que sea la voz alta (de digna y humilde) de José Repiso Moyano

Accésit: “De romero y algas; … jara y sal” de Cristóbal García Supervielle

2012


Ganador: “El vuelo del cormorán” de Juan García López

Finalista: “Panorámica en dos perspectivas” de Catalina Jaume


Certamen local de microrrelato “Villa de Baños de la Encina”

2025

Juvenil I (de 12 a 14 años)

Ganador - “Alzheimer” de Julissa Martínez Romero

Finalista - “Gracias a mi madre” de María Arjona Villarejo

Juvenil II (de 15 a 17 años)

Ganador - “Cuando mamá era gigante” de Jaime González Martínez

Finalista - “Para siempre” de David Recena Rodríguez

2024


Juvenil I (de 12 a 14 años)

Ganador - “La última partida” de Ana María Rumí Sampedro

Finalista - “Miedo” de Óscar Briones Sánchez

Juvenil II (de 15 a 17 años)

Ganador - “El manicomio de las almas perdidas” de Juan Lara Lara

Finalista - “El baúl de los recuerdos” de María Ángeles Herrero Soler

2023

El certamen no se realizó. Premio desierto.


Certamen Nacional de Poesía “Pepa Cantarero”

2025

"El cuerpo donde ocurro" de Luis Colombini

2024

En esa vieja madera del verso” de Francisco Beltrán Sánchez

2023

Sueños de fuego y miel” de Restituto Núñez Cobos

2019

Algunos días de diciembre” de Esteban Torres Sagra

2018

Hebra de luz: ejercicios sobre el cántico” de Gregorio Dávila de Tena

2017

Los jardines vencidos” de Gloria Fernández Sánchez

2016 (XX Certamen)

Geografía ausente: (poemario de 1982)” de José Ramón Ayllón

2015 (XIX Certamen)

Sólo por habitarte” de Vicente Rodríguez Manchado

2013 (XVII Certamen)

La tapa del piano levantada” de Connie Riveros

2012 (XVI Certamen)

Ningún lugar” de Vicente Velasco Montoya

2011 (XV Certamen)

Categoría Local

Ganador: “La oscura senda” de Catalina Jaume

Accésit: "Baños de la encina, Piel de Sierra Morena" de Manuel Sampedro Frutos

"Despertares" de Protasio Prados

Categoría Nacional

Ganador: "Ángelus Negro" de Nacho Albert

Accésit: "Fieros dormidos" de Sara Torres Rodríguez de Castro

"Bajo la luz de las cerezas" de Natividad Cepeda

"Poemario Nanas de agua" de Rosa María García

2010 (XIV Certamen)

Categoría Nacional

Ganador: "El día que cruzamos Abbey Road (balada de perdedores)" de Antonio Rodríguez Alarcón

Accésit: "Inviernos de adolescencia" de Jesús Moracho Sánchez

Categoría Local

Ganador: "Ego" de Ana Cortés Nieto

Accésit: "A ti te digo" de Carmen Sampedro Frutos

Categoría Infantil

Ganador: “El poder del tiempo” de Ana Hernández Liebo

Fiesta en animalandia”de Berta López Salamanca

2009 (XIII Certamen)

Categoría local

Ganadores (Premio compartido)

“Pensamientos en la noche” de Protasio Prados

“Me bebí tu amor, sólo eso” de Ana Ortiz Rodríguez

Accésit: “La sombra del recuerdo” de José Carrión

Categoría Nacional

Ganador: “Salir del armario” de Esteban López Sagra” (Úbeda, Jaén)

Accésit: “Campaña de rapiña” de Guillermo Sánchez Rodríguez (Madridejos, Toledo)

Categoría Infantil

Ganadores (Premio compartido)

Impresión ante una nube” de Luis Gonzalo Cabezas (Algeciras)

A mis perros” de Berta López (Madrid)


Certamen de relatos “Villa de Baños”

2019

Ganador: “Deseos cumplidos” de Alfonso Sergio Barragán Rincón

Accésit: “El actor” de Juan Molina Guerra

2018

Ganador: “La última libertad” de Marta Isabel Rodríguez

Accésit: “Valentina y yo” de Tomasa Martínez de la Torre

2017

Ganador: “Cumpleaños” de Antonio Mejías Melguizo

Accésit: “Camaradas” de José Manuel Maguilla Luna

2016

El premio quedó desierto.

2015

Categoría provincial

Ganador provincial: “Enamorados” de Pedro Martínez G.

Accésit provincial: “Una incógnita para olvidar” de Juan Manuel Chica Cruz

Categoría local

Ganador local: “La historia de un zapato” de Francisco Escalante Galán

2013

Categoría provincial

“El juego de la vida” de Juan Francisco Rodríguez Martínez

Categoría local

“Nosotras también fuimos niñas” de Paco Escalante Galán y Servicio de Educación Permanente “El Tamujoso” de Baños de la Encina.

2012

Ganador: “La misiva del Rey” de Luis Miguel Sánchez Tostado


Certamen de Microrrelatos “Villa de Baños”

2019

Ganador: “El final del dolor” de Concha Fernández González

Accésit: “Belcebú” de Pilar Arijo Andrade

2018

Ganador: “El difícil adiós” de Fran Cazorla

Accésit: “Mi turno” de Mª Ángeles Peyró Jiménez

2017

Ganador: “La playa de los náufragos” de Mar Horno García

2016

Ganador: “El náufrago” de Plácido Romero Sanjuán

Accésit: “A suertes” de Francisco José Segovia Ramos

              “Queso parmesamo” de Emilia Luna Martín

2015

Ganador nacional: “Por la ventana” de Nuria Perarnau Andrés

Finalistas: “Doncellas” de Alberto Palacios Santos

              “La trastienda” de Miguel Ángel Gayo Sánchez

              “Los renglones torcidos del enano” de Luis San José López

2013

Ganador: “La duda” de David Mateo Cano

Finalistas: “Atracción fatal” de Trini Pestaña Yáñez

                “No tenía memoria” de Francisco J. Segovia Ramos

2012

Ganador: “Angélica y Medoro” de Daniel de Cullá

Finalistas: “Reciclaje interior” de Miguel Ángel Gayo Sánchez

                  “Relativity T. Flywheel” de Joaquín Raga Barques

                  “Cosa de dos” de Rafael López Álvarez

                  “Hormigas de biblioteca” de Mª del Mar Horno García




miércoles, 8 de enero de 2014

Ganadores de los certámenes literarios de Baños de la Encina 2013






XVII Certamen de Poesía “Pepa Cantarero”
  • Connie Riveros con su obra “La tapa del piano levantada”

II Certamen de Microrrelatos y Relatos “Villa de Baños” 2013
Microrrelatos

  • David Mateo Cano (Ganador nacional) con “La duda”
  • Trini Pestaña Yáñez (Finalista nacional) con “Atracción”
  • Francisco J. Segovia Ramos (Finalista nacional) con “No tenía memoria”
Relatos
  • Servicio de Educación Permanente “El Tamujoso” y Paco Escalante Galán (Ganador local) con “Nosotras también fuimos niñas”
  • Juan Francisco Rodríguez Martínez (Ganador provincial) con “El juego de la vida”
I Certamen de Poesía “Alfonso Monteagudo”
  • José Repiso Moyano (Ganador regional) con “Que sea la voz alta (de digna y humilde)”
  • Cristóbal García Supervielle (Finalista regional) con “De romero y algas; ... jara y sal”





viernes, 31 de agosto de 2012

"Baños de la encina, Piel de Sierra Morena" de Manuel Sampedro Frutos




Baños de la Encina como un rey estirado sobre un cerro
Los olivos son tu estrado .
Con la ayuda del viento
Te saludan,
Con alegría y privilegio.
La Sierra te rodea
Con una capa real.
Tus recuerdos naturales,
Son la delicia de los bañuscos
Son la delicia del caminante.
Tu Castillo milenario te recuerda
Que fuiste conquistado por el morisco,
Pero la Iglesia de Santa María
Es testigo de tu reconquista por el cristiano.
Tus casas centenarias
Son muestra de tu realeza.
Tus calles blancas
Delatan tu sangre andaluza.
Pero tu molino de viento nos recuerda
Que por poco eres manchego.
Ay, el Santo Cristo
Tu iglesia de Jesús del Llano
Centinela de un gran tesoro.
Su precio fue de alto costes
Para quien lo creó
Pues lo dejaron ciego,
Haciéndolo único e irrepetible
Aquel ciego allí representado.
Respira,
Respira fuertemente viajero,
Qué tus pulmones se inunden
De la fragancia pura,
De tomillo y romero.
Con tantos privilegios
Los bañuscos no se envanecen,
Pues son gente sencilla,
Gente buena y trabajadora
Que sabe disfrutar
De la belleza de su Pueblo.
Qué suerte tuve
Al confundirse la cigüeña,
Y de su despiste yo viniera
A nacer en este pueblo.
Porque prefiero ser bañusco
Que no castellano –manchego.
Ay Baños si no existieras,
Las vueltas que habría que dar
Para encontrar la persona
que te pudiera inventar.


Accésit, en la modalidad Local, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero" 




Fotografía y poesía tomada del blog de Ana Ortiz

http://mispropiascosas.blogspot.com.es/2011/08/banos-de-la-encina-xv-certamen-poetico.html 


“La oscura senda” de Catalina Jaume



La ve venir,
agazapada y sumisa,
toda tuya.
Su temple fuerte
su rostro oculto, desconocido

Se adentra tranquila
enfila su camino
La meta, tú
y no la maldices porque cumple su trabajo
y apaga tus cenizas y tu sed

¡Es tan desdichada!

Tan unida está a ti en tu fracaso
que reconoce tu deseo de eternidad.

No viste ropas oscuras, ni manto blanco
porque tu deseo, cual el de ella,
es ya morir.

Entregar sus armas,
cerrar tus ojos,
olvidar con ello tu pasado.
Un montón de escombros, viejas reliquias y sinsabores

Saber morir es triunfar a la vida
las dos caras de la misma muerte
que navegamos juntos.

Qué alegre el canto de los pájaros
que ya no retorna porque tu no lo vas a oír,

Oirás otro canto
vivirás en otra dimensión
que no te resultará extraña
por desconocida.

Allí encontrarás a los tuyos,
tu mascota, la planta preferida,
el reloj olvidado

Ya no cuentan las horas, los días
tan malas palabras
que tanto te dolió escuchar

Bendito sea ese día
fraterniza con ella
y la entenderás.


Primer Premio, en la modalidad de Poesía Bañusca, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero"




Vídeo de youtube tomado del blog de Ana Ortiz

"Despertares" de Protasio Prados


Se funden los recuerdos
que el otoño se lleva
en este andar y no ir
de tiempos de poder y sueños.

El moreno de tu pelo
también se marchaba
sin apenas despedirse
entre los silencios de mi pecho
y las sombras que tu ausencia
dejaba en mí.

Lloraba mi alma en tu hombro
un breve espacio que dejaban los troncos de los olivos
para mi derrotada persona.

Abrir los ojos en la mañana
para enfrentarme a un nuevo día
con la desidia de mi derrota
y la alegría de mi deshielo.

No puedo borrarte de mi pensamiento
y anhelo el olvido pacificador
añoro la fase blanca de mi cabeza
cual papel que se arroja a la papelera
y no vuelve a contar

que no vuelve
que no vuelve

pero vuelve repetidas veces
como un bucle que se repite
una y otra vez
como un recuerdo imborrable
que me acecha en cada uno
de mis descuidos mentales
como una flor que abre sus pétalos al sol
y los cierra cobardemente a la noche.

El río espera y debajo de sus piedras
esconde secretos
secretos que caen como gotas
de las hojas de los árboles de su rivera.

Soy náufrago de mis recuerdos
soy semilla en un desierto
soy esclavo de mis pensamientos.

Despierto del sueño
y acabo tendido en el verde manto de ortigas,
arrojo mi rosa roja
manchado por la sangre de sus espinas,
tu visión borrosa
por las lágrimas clandestinas
de mis vientos de arena
escondidos por las esquinas.

Y no vuelves,
 navegas a la deriva
con el corazón roto
nadando entre mis heridas.


Accésit, en la modalidad Local, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero"





Vídeo de youtube tomado de la página de Ana Ortiz.

http://mispropiascosas.blogspot.com.es/2011/08/banos-de-la-encina-xv-certamen-poetico.html

lunes, 24 de octubre de 2011

"Ángelus Negro" de Nacho Albert

Luce el cielo su noctívago hábito y me asalta
un enjambre de temores y pensamientos impuros.
Deshojo mis uñas con la vehemencia de un torturador
y me abro paso a brazadas entre la desidia y la esperanza,
entre tumbas abiertas y cuencas vacías,
entre ludibrios y exabruptos,
entre pechos de mentira y el vestigio de una lágrima colgada
de un turbador mohín.

Tu retrato es un acre de melancolía.
Tu cuerpo, un jardín destinado al llanto.
Tu voz, una onza de oscuridad.
Gradualmente se apaga el día como mi deseo.
Tiempo es un padecimiento grave, vocablo perecedero
que propicia en los labios un verso de amargura,
secuencia de trenes descarrilados.
Yo anhelo un sorbo de contundente
juventud.

Soy parte substancial de este paisaje quebradizo,
de este diluvio terminado en naufragio,
de este incendio verde que esconde el bosque,
de estas subrepticias voces que erizan mi piel,
de este abominable ser que me conmina al silencio y me brinda
su demoledor abrazo desde la penumbra del soportal.
Bajo mis pies se abre la tierra con desgarro.
Se propaga un grito y restalla una llamarada.
Un tajo profundo será en breve una herida infecta.

Y un nicho de hojas secas,
impelidas por un céfiro simoniaco,
arrastra valle abajo mi traje de domingo
cuando opto por persignarme y descansar para la eternidad
con un haz de niebla y extravío.

En estas latitudes se desvanece una mente errabunda
y entre los pastizales se perpetúa la vida.
Imagino nieve confundida con mi pelambre
cuando colisionan contra la roca tres círculos concéntricos.
En el lecho del río aguarda una escarpín ahíto de historia
y un organismo devorado por otro organismo virtuoso
en el difícil arte de sobrevivir al desastre.

Persiste el molino de viento en seccionar la nube
y se obstinan las palomitas en inmolarse contra las farolas del estío
cuando se desperezan los árboles con su perseverante tañido
bajo el fúlgido manto de la bóveda: ramas
estratosféricas y milenarias raíces, sedimento
y turbulento reguero de mugre.

Hombres de tez cetrina cuyas manos sueñan
con nalgas y vientres y senos patricios
se arrellanan en su sombra con su mueca de extrarradio
y balbucen sus impronunciables nombres
y omiten por cobardía su impúdico origen
y se jactan de liviandad
y apenas levantan la voz o un metro del piso
cuando el momento requiere que alcen el brazo
y salten y vociferen y disparen indiscriminadamente
y percutan con fuerza el dogal de la más lúbrica existencia
además de un raudal de acomodados cráneos.

Pero me intriga la soledad del caserío apartado,
del retraído roble que suspira tras la ventana
y derrama su vómito de resina,
del viejo singular que camina sin rumbo
y tira de sus huesos sin ímpetu
y pinta de azul índigo los cantos rodados
que jalonan el páramo antojadizamente
y se abandona a su suerte en puentes, derribos
y cunetas atestadas de difuntos y rosas marchitas.
Me fascina la vida donde la vida no procede
y respirar constituye un ejercicio sobrehumano.

En mi hombro se ha posado
la heladora gasa de la madrugada
cuando descubro mis sienes argénteas.
La luz desciende con la cadencia y el tacto precisos,
cascada de malos augurios que arrastra mi desnudez
a la incuria de un jergón desflecado.
Bajo mi nuez permanece la rúbrica de una fémina,
indeleble huella de sus besos convulsos.
Todavía está lejos el olvido y la exultante luna de agosto.

La tarde es un ladrido abocado al llanto
o las entrañas de un sillón umbrío
perdido en un vertedero
o una palmera despeinada a la sombra de un coloso
o la voz irritante de un recurrente motor
o la estentórea espuela que emponzoña la hora del té
o una figura detenida bajo una farola
o un dedo en el hombro seguido de una detonación
o el cable de alta tensión que secciona el vuelo de un estornino
o un tajo en la muñeca o una aguja de vudú.
La tarde, férvida sucesión de igniciones,
inmisericorde erial donde arden todos los recuerdos
y se cuecen a fuego lento todos los hombres
y su mesnada de enanos de jardín.

Más allá del lagrimal se duele un llanto evaporado.
Y detrás del monolito, los amantes.
Y el cánido llorando la ausencia de su dueño.
Y las motocicletas robadas, girando impenitentemente
sobre el eje de su tribulación.
Y mi cuna hecha cenizas.
Y tu sonrisa con trazas de angustia.
Y mi sombra, impasible como el mármol,
proyectada en el asfalto, tendida para la posteridad.
Y tu cuerpo deshojado por el calor.
Y la noche y la esperanza callando con idéntica voz,
conspirando en el aire,
fajo de anhelados subterfugios.
Y los hogares derretidos como el látex.
Y las estatuas con el ceño fruncido, desnudándose
sin paroxismo.
Y tú y yo al revés.
Tú al abrigo mío y yo al abrigo de nadie,
con la camisa de fuerza de mis dedos ateridos,
sin la apabullante pericia de tus muslos,
tanteándonos en un corredor cegado por la calígine
y tornándose ínfimas las ansias
en tanto se recrudece el estío con su porte demoledor
y su sádico rictus.

Y a medianoche hurgaré en los pliegues ennegrecidos
para brindarte el primer término del día:
frío.
Después amor.
Y me haré fuerte en el vértice de la madrugada.
Y destensaré mi gesto de víctima.
Y lloverán guasábalos.
Y nos conducirán nuestros pasos a un tálamo
rebosante de pétalos luminiscentes.
Y nuestra osamenta adherida a un sueño apacible.
Y con la aurora nos colmará la vida de obsequios
hasta el preciso momento de sentir en la sien
el estacazo de la canícula.

Primer premio, en la modalidad Nacional, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero"

"Fieros dormidos" de Sara Torres Rodríguez de Castro

I

Igual ella es de los elementos y a los elementos ha de volver. Pero no, qué dolor admitir tanta belleza a la posibilidad de otros. Qué tremendo escarnio traspasar la piel donde se ha vertido los angostos del deseo y la sal de los ojos. Ella porta en su espina dorsal la incandescencia. Aparente calma que se eleva y arde como una pira. Él la vela como un secreto, en el envés la aguarda y habla bajo a sus tobillos. Conoce de sus lunas y mareas. Atiende a la declinación de la retina y al nervio vigoroso de su vientre. Ha aprendido a respetar su sueño. No, él ha sabido mirarla. Ha creado dentro de ella y participa de la majestad, del entusiasmo. Ella sin él no será la que es para él ahora. Gemido hierático en la laringe de una gran trompa. “Amor, como esa maravilla, como ese blanco ser que entre flores bajas enreda su mirada o su tristeza” En cómplice intimidad de existir quebrantable y venerado.

II

Herederos forzosos de la vida,
habrá que ver como prescindimos
de este amor
que crea necesidad.
Cómo crecemos
secos y sabios
libertos de la piel
y al fin, por sobrexplotación
anodino el llanto.

Habrá que ver, si es posible
la completa interiorización
de que no era para tanto;
los libros, los viernes a la noche
la impermutabilidad de los cuerpos
lo que quise creer de tus – regios, azules –
pesadas teorías
puestas nunca en práctica.

III

Armada con el vaho
que provee el aliento de lo sublime.
Me he dejado transportar
como el cachorro entre las fauces
de una leona
que no tensa las mandíbulas
pero sostiene.
He bebido de la vida
en la plenitud de un vientre
he acariciado con las yemas
mis labios para recordar.

Omnipotente por haber nacido
otra vez, dentro de ti.

Tengo la sonrisa tatuada
hasta en el miedo
nada segrega la realidad
que me asedió en los costados
agradezco a un Dios postergado
haber estado provista de olfato, de gusto, de tacto.
La conciencia
la certeza gloriosa del existir.

IV

La angustia, cómo se ordena
quién provee sentido al objeto
de qué manera invertir el desánimo
si quizás un poema fallido
o la reproducción de una cláusula
sea constancia de lo extenso
y aunque extenso, limitado.

En esta ritualidad
de rectos advenimientos
hay una necesidad tan llena
de detonar, marcar la pausa
el definitivo movimiento
que bien aleje

este vicio de inmovilidad
-correcta-
pero mañana;
¿estaremos orgullosos de ser quien fuimos?

V

No van a calmarle.
La espalda huye del látigo antes siquiera de oír su chasquido.
Desconfía. Se abraza y no cree, en el fondo no cree
que la vida pueda omitir para él ese inmutable estado de alerta
el ojo abierto que contempla al otro ojo mientras sueña.

Algunos hombres, dicen, aman a otros y enfermos
agarran manos de muerte, besan rostros musgosos
y el perro descansa crédulo la seguridad
de un mañana en la misma caricia, el mismo plato de carne
nadie va a dejarle solo.

Reformulación - no es la soledad lo que pesa-
el fiero dominio al saberse de nadie.

Es
hasta en los tiempos felices ese chasquido
que aparta la espalda del látigo
antes siquiera de ser empuñado.

VI

Como una liebre enferma
bajo la cobertura del pelaje ajeno
se deja arrastrar por la inercia de las calles inflamadas a su marcha.

Aún el ácido del vómito acusa el desgaste, la dura fricción de los labios
lo altivo en las catapultas de los ojos.

La suficiencia como arma
estrategia de defensa activa arrojada al otro.

Ha querido ser y ha sido

se ha compuesto como tal

ha pronunciado esas frases.

Nada de incierto, se impone la desnudez, malditos necios.

Nada.


Es posible creer en una vida más allá de las palabras
no es ilícita la vastedad del deseo, la desnutrición
la vana intención de saltar del yo al nosotros.

Nosotras.


Accésit, en la modalidad Nacional, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero"

"Bajo la luz de las cerezas" de Natividad Cepeda

I

Caía luz de cerezas
bajo el revoloteo de silenciosas alas.
Llegaban por la pasarela del ocaso
pájaros encendidos para alumbrar estrellas.
Con inquieta ternura
la tierra se mecía,
entre montañas y vaguadas,
cuando dijiste adiós
y una sonrisa rota se adueñó de la noche.

Para no suplicarte,
mi corazón femenino se hizo piedra
por llanuras heridas de amapolas
entre el despojo de la tarde.

Un sol de ojos grandes
agonizaba detrás de la arboleda,
bajo la roja cabeza
del crepúsculo indolente.
Apoyada la noche en las nubes errantes,
no bastaba el susurro del aire
para cerrar enigmas.

II

El latido más hondo de la tarde
era muerte precisa con suspiros lejanos.
Una rosa de labios amarillos
se desgajaba sin ruido
y caían sus pétalos al barro.
Tu ausencia, entonces, la invadieron
largas sombras
y presentí a mi alrededor
una sima sin fondo en la que yo me hundía,
olvidada del tiempo, de los besos,
niña triste en pradera salpicada de azul.


Y tuve que salir
del círculo marcado por tu aliento
para entender que el mundo es una lámpara
que se apaga en las manos.

Asciendo desde ese día por la noria del tiempo
y abrazo en la distancia tu perdida ternura.

A veces creo escuchar tus pasos
en el umbral de casa,
la rutina de dar las buenas noches, o los buenos
días, pero el amor se hizo sombra
aquella amarga tarde,
sin orden de regreso,
y no cabe esperar el milagro de la resurrección.

III

Los últimos postigos de la tarde
los cerraron tus manos, extrañamente frías,
y la ciudad envejeció conmigo.
¿Lo tuyo era un adiós como otros tantos?
No. Se trataba de una derrota
frente a la mujer que te había amado
con hambres de delirios.
Y la ciudad
lloró conmigo. Y sus lágrimas, caídas
gota agota
por cada una de sus calles,
humedecieron las piedras de los palacios
fundidas con el agua de las fuentes,
con los parterres de las plazas,
y corrieron por las alcantarillas
hasta alcanzar el mar
a través de los ríos.

Desde entonces pienso que naufrago cada día.
Y cuando vuelan, tristes,
las últimas palomas de la tarde,
yo regreso a tu recuerdo, siento que el horizonte
viola mi melancolía
y me dejo besar por el ocaso, con los ojos abiertos,
soñando que eres tú, tú siempre todavía.

IV

Quiero olvidar que una cierta tarde, con la fecha borrada,
te fuiste como ave migratoria
y yo, sin vida, tu sombra en todas partes
iba buscando
como el destello de los faros de un coche en la calzada.
Me quedé con mi angustia, perdida entre el tumulto,
con tu sol en las manos.

Y hoy me duele tu partida lo mismo que aquél día.
Me duele en las entrañas como duele la muerte
de los niños, lo mismo que un incendio
de robles y de encinas que deja nuestros bosques
sin color y sin sombras.
Yo, mendiga de amor,
con la mano extendida en la puerta del mundo.

He visto la llovizna que ahora baja, incesante,
y me pregunto ¿hacia dónde te lleva
tu inusitada prisa?
Quiero creer que tu boca es mi boca todavía,
que algún día pudiese derrotar la tristeza
a la manera que las viñas se despojan de pámpanas.

Y quiero tener las velas encendidas
para que el viento nunca se convierta en olvido.
Porque sin tí, mi amor, soy un ángel sin cielo,
un demonio libre de pecado,
y Dios alguien erguido
en medio de un tablero de ajedrez
sin fichas que poner en movimiento.

V

Sabes que a fecha de hoy
yo no encuentro cobijo, que vago torpemente
por caminos oscuros como perro olvidado,
que soy la peregrina que persigue tu risa
y no sabe en qué senda se escucha.
He ingresado en el reformatorio
del olvido, en las cuevas del vacío,
en torpe encrucijada, precisamente ahora,
cuando nadie convoca
la magia del amor.

Ya todo me parece irreversible.
Nunca debí creer en las palabras
porque el tiempo las pone boca abajo.
Es estéril que mi corazón
se muera por la esquina
de la memoria donde busco tu imagen.
Pero a pesar de todo yo pronuncio
tu nombre en oración, de cara al horizonte,
y sueño que regresas desandando tus pasos,
que me abrazas
antes de que mi cuerpo se convierta
en sombra de ciprés al borde del camino.

Será cuando regreses que tú comprobarás
que los pájaros negros no asesinan la lluvia.

VI

Estoy con mi palabra,
desnuda de artificios,
volviendo a ser una muchacha
que anuncia la mañana, su misterio,
para que tú, regazo de ternura,
recuperes la tierra prometida
bajo la luz de las cerezas.

Continúo leyendo este mensaje
en el incendio del crepúsculo,
la oración alzada de la tierra
que canta por el agua de ríos y hontanares
su plegaria de amor.
Bendita música,
este murmullo que repite tu nombre,
este galope de invasiones
como ángeles con alas en alto.

La muerte, bien lo sabes,
no mata lo que es bello.

Guiyar de June

Accésit, en la modalidad Nacional, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero"

"Poemario Nanas de agua" de Rosa María García

Nocturno

Quiero hablarte
como hablan las orillas a los juncos,
quedarme en tu vaivén como se queda el légamo
amoldando abrazos de agua.
Quiero ser la sed de tus guijarros,
la noche trenzada en tu pelo, tu surco y tu cima.
Llegarte como jirón de luna asomada a los álamos.
Ser trama de vientos y danza de eneas, en tu cuerpo.
Quiero arder en tu boca como mariposa ciega,
ser el tacto del alba para desnudarte despacio,
mientras me entregas
el nocturno alimento que envenena a la rosa.


Fui 

Te oigo caminar por mis venas secas,                 
Mi vida se vacía a tu paso. 
Un reguero de mí, inunda tus dedos, 
Me has roto en caricias. 
Nadie sabe que fui… 
Soy como la huella en el agua.        
 
Naufragio 

Peces a contracorriente ensayan la agonía 
en este mar de bolsillo. 
Persiguiendo a tu viento, se borró el trazo de mis alas 
y caí sin dolor al vacío que dejaron las mareas. 
Tus dedos, desertores de la caricia, 
aún me despedazan los sueños, 
se quedó en mi orilla el lastre de tu voz, 
el barro de tus pasos, 
las astillas de tus naufragios. 
Ahora que vivo de esta muerte regalada... 
Déjame no ser. 
 

Llanto de sal 

El reloj de arena ya nunca marca la hora, 
la prisa encerrada estalla, 
y salpica de tiempo la coraza de mi alma. 
Vigila la puerta una espera, 
un silencio sin medida. 
La noche talla tu nombre en mi veleta, 
al aire sin fronteras me desnudo, 
vas o vienes rozándome el aliento, 
libre. 
Mientras oscila inservible el péndulo de mi tristeza, 
la luna acuchilla los tejados. 
Y desde todas las heridas, se oye llorar al mar.

Confusión

Mi cabeza es como un cubo de cinc,
los pensamientos retumban cuando gritan fuera.
Ruido de aguas pasadas,
una sed permanente resquebraja el metal de mi pecho,
un dolor de sonajas me alerta la voz,
y me voy quedando muda y hueca.
Un eco molesto ronda mi sima,
a duras penas entiendo esta babel de mi cuerpo.
Sorda angustia la del pozo
cuando las aguas se duermen sin tener sueño.

Ídolo de fango

Hoy solo quiero dar cuerda al futuro,
no importa el curso de las horas sin ti.
Girar las manecillas en sentido contrario
al hueco crepuscular de los sueños,
quiero negar a esta cintura sin yugo,
la luna creciente de tus mareas.
Cegar tu engañosa luz de luciérnaga,
apagarte de mi entraña,
y a tientas, recorrer otro cuerpo,
pecando.
Mientras rehúye tu tiempo a mis relojes,
celebraré desnuda la tormenta que te preceda.


Dolor

A veces te esparces,
dolor,
y me anegas…
Ni siquiera los gorriones
se atreven a beber
en la tristeza irregular de mis charcos.

Diferencias

Mi amor
es un tiempo eterno entre dos urgencias,
el surco donde el arado ensaya la herida.
la espora y la espera sin germinar,
el pozo ciego donde ahogas tus horas.
Tu amor
es sólo un garabato en la pared de mi costumbre.
la cábala incompleta,
la alcuza rota,
la duda.

Deuda

Te debo el vértice de un verso,
el plenilunio de mi noche,
la sal de la séptima ola,
Te debo el surco donde germinas,
Los acantilados de mi piel,
La bitácora de mi alma,
Y tú…
Solo me debes el olvido


Destierro y humo


Mueren en la orilla unos versos,
Como velas rotas de un naufragio predicho.
Y detrás de todos los avatares, de todas las nostalgias,
remos de sal dentellean tu marea amarga.
Mi puerto te guarece de esta espiral de vientos,
Ajados azules se retuercen en mis manos,
añorando olas con sabor a canela.
La espuma deja cartas de amantes numeradas.
Me busco sin dar conmigo.
Seguramente me habré ahogado en tu mar incierto.
Dos gaviotas se aman en la arena.
Destierro y humo....

Tu… yo… y el mar

Yo vivía rodeada de grises,
adosada a rutinarias caracolas sin sonido.
Tú te mirabas en el agua queriendo borrarte la vida.
Nos arrastró la corriente y al tiempo,
nos encontramos en el rojo latir de una estrella imposible,
Tu… yo… y el mar.


A penas nada

La diferencia entre tus cosas y mis cosas
no es más que una gota de agua.
Apenas nada….
Pero por una gota rebosa un vaso
y deja inservible la sed.

Accésit, en la modalidad Nacional, del XV Certamen de Poesía "Pepa Cantarero"

miércoles, 29 de junio de 2011

Me queda la palabra

Tal día como hoy, hace 32 años, moría en Madrid el poeta vasco, Blas de Otero ... nos quedaron sus poemas.



EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo,
todo lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

lunes, 14 de marzo de 2011

I Certamen Intergeneracional de Poesía y Relato Corto "Espejos de agua"

La Asociación de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Linares y comarca "Manantial" ha creado una página web  que nos invintan a visitar y en la que laten sus "pensamientos, sueños, inquietudes y todo aquello que nos permiten el vuelo diario que nos capacita día a día..."


Además, la Asociación Manantial en sus afán por fortalecer los lazos afectivos entre las distintas generaciones y contribuir a la divulgación de los valores que se promulgan en la Carta Universal de los Derechos Humanos en su artículo I convoca el I Certamen Intergeneracional de Poesía y Relato Corto "Espejos de agua" destinados a jóvenes y adultos de Linares y su comarca.


Más información en su página web:


http://www.asociacionmanantial.es

 
Les deseamos mucha suerte a todos ellos y a su presidenta, Carmen Sampedro Frutos.






















martes, 16 de noviembre de 2010

"El día que cruzamos Abbey Road (balada de perdedores)" de Antonio Rodríguez Alarcón

                                                        Pero lejos están los remotos días...

                                                                VICENTE ALEIXANDRE

Pero lejos están los remotos días
en que cruzamos Abbey Road con Jack Kerouac al frente
y flores marchitas en la solapa.
Lejos el día, amor, que decidimos ajustar cuentas con la historia,
el cabello al viento erizado de crisantemos
y el paso decidido, -desafiante incluso- , cual peatones airados.

                                              I
                                                                             Casi me alegra
                                                                  saber que ningún camino
                                                                      pudo escaparse nunca

                                                                 JAIME GIL DE VIEDMA

Hace ya tanto tiempo
que ni siquiera lo recuerdas: era septiembre y el asfalto
retumbaba bajo nuestros pies descalzos como redoble de tambor.
Septiembre y sin mirar atrás, como en tropel de elefantes anunciando
tormenta en la sabana, como en peregrinación iniciática por la Ruta 66,
la mítica cicatriz jalonada de desérticos almacenes y cantinas,
de surtidores de gasolina abandonados.
De la mano de Richard Ávedon entre mineros sin rostro
y niños desolladores de serpientes al borde de la carretera.

Desde ambas aceras nos miraban con indolencia señalando aquel paso de cebra.

¿No crees que la vida es tan efímera como un soplo,
como un silbido entre la multitud de la Séptima Avenida
en días de estreno o el Paseo de la Castellana en estruendosas
mañanas de desfile? O quizá me contradigo.
Ahora tú conjuras el paso del tiempo, cruel acompañante,
rectificando ante el espejo el perfil desvaído de tus labios
o apuras conmigo este Jack Daniel ́s congelado entre las manos.

                                             II
                                             
Cómo no advertí que levantaban esos muros

                                                              KONSTANTINO KAVAFIS

Así hemos atravesado este desfiladero en sombra.

Cuarenta años después, y prisioneros de nosotros mismos,
pilotamos un vuelo sin motor, a merced del azar, empujados a un abismo
de incierto futuro. En vuelo libre, vulnerable y frágil como hoja seca,
zarandeados por un siglo descarnado y triste.

Moviéndonos en un círculo inacabable marchamos contra la guerra de Vietnam
enarbolando un bosque de palomas de papel o fornicamos en Woodstock
sobre el lodo y bajo la lluvia en un vendaval de miles de vatios.

Ya me conoces, aunque a menudo me ignores o mires de soslayo,
como inquiriendo a quién corresponde esa pesadilla que te sigue
con docilidad canina: tú perseguías con Marlon Brando
un tranvía llamado deseo por las empinadas calles de Lisboa
hacia el Mirador de Santa Lucía, frente al Tajo, para repostar tus ojos
de azules. Yo, por ir a la contra, ya sabes, un deseo llamado tranvía
varado en una adolescencia también lejana
de cineclub universitario y libros bajo el brazo.

Habrás de convenir conmigo que el nuestro ha sido un sueño
tempranamente fracasado. Un espejismo en tiempo de rebajas.

                                              III
                                                                     Sobre un río de olvido
                                                                      va la canción antigua

                                                                         LUIS CERNUDA

El tedio y la decepción toman café en el Flore, quizá en el Deux Magots.
Desde el escaparate, algunos parece que esperaran nostálgicos
el paso de la División Leclerc con parada en Saint Germain.
El Pernod de mediodía despide una mañana huérfana de noticias.

La Rive Gauche, inmortal, perfectamente maquillada para la ocasión,
reposa en el Pere Lachaise: allí los suicidas toman el sol sobre la hierba,
antes que el Sena se reinventara convertido en playa fluvial,
y arrojan tierra sobre los turistas que pretenden inmortalizar la piedra
que sella tanto despojo ilustre.

¿Oyes? ¿Es la arenga de Joan Báez desde los altavoces
que incendian las barricadas o ese joven pelirrojo alzado sobre sus zapatos
y nuestras cabezas? No nos moverán. Hermanaremos la multitud que clama
desde la Sorbona a la Renault ahogada en un mar de propósitos y banderas.

Desde el funicular que sube a Montmartre
los niños arrojan besos a las palomas en envoltorios de chocolate.

                                            IV
                                                                (García Lorca foi fuzilado)

                                                                Deixa-o apodrecer no chão
                                                     como bandeira de carne de remorsos.

                                                               JOSE GOMES FERREIRA

                                                  Porque te quiero, te quiero, amor mío...

                                                            FEDERICO GARCIA LORCA

Y qué canción tan triste, qué vals tan desgarrado susurra Leonard Cohen,
siempre impecable, embutido en su traje de broker recién planchado.
Take this waltz, canta a Lorca como nana bajo tierra,
como el vaivén que meciera un siglo feroz y amortajado
entre el polvo de las hemerotecas. Lorca ha muerto, vals vaivén vienés.

Y también murió Machado, tan solo y triste.
Y Cernuda, tan despechado y triste.
Y Gil de Biedma, tan partidario de la felicidad, tan artista enfermo y triste.
Y tantos otros... !Oh qué muerte la nuestra tan desafecta y triste!

Muerto también de hastío, Césare Pavese dice adiós desde la ventana
de un hotel cualquiera en una ciudad cualquiera.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, escribió a modo de epitafio o testamento.
Vendrá y tendrá los ojos de ángel insobornablemente humano de Pasolini,
-mirada pícara, sonrisa canalla- que se desangra a las afueras
de cualquier playa ciega o sin luna. Ciao, amore, ciao,

Se han ido, se fueron todos dejando una estela inabarcable de decepción.

                                             V
                                                                    Ahora seremos felices
                                                              cuando nada hay que esperar

                                                                            JOSE HIERRO

Mas no desesperes: en cada esquina espera un beso, un aniversario.
En las alcobas consagradas a la decencia y la compostura,
en los prostíbulos más discretos, en los casinos de Las Vegas,
en los urinarios del Ritz cubiertos de mármol cual cámaras funerarias,
en los balnearios de Baden-Baden o Budapest,
en las oscuras salas de cine, debajo de nuestra cama...
millares de fotógrafos compitan al acecho. Retratan besos y aniversarios.

Detrás de cada beso hay un fotógrafo escondido que espía,
ladrón que espera el momento exacto: en el París de la liberación,
en cada rincón de Alexanderplatz,
en La Baixa de Lisboa un 25 de Abril,
ante, bajo, junto, sobre el Muro de Berlin,
en el aeropuerto de Moscú, en la portada de Vanity Fair...
jóvenes y soldados, astronautas y militares de uniforme,
azafatas y gánsteres se abrazan y besan
con gesto desenfadado de eterna celebración.

El mundo es eso, un brindis multitudinario con fuegos de artificio
y canapés, un fin de fiesta permanente entre muro y muro,
bajo máscaras de lodo y hambre, de plomo y sangre.

                                             VI
                                                                 
Hoy es siempre todavía

                                                                  ANTONIO MACHADO

La libertad, dicen, viaja en una Harley tronando por el puente de Brooklin.
La libertad, dicen, se desplaza en patines por las aguas heladas del Hudson.
La libertad, dicen, nunca lo he visto, se desplaza en los trenes multicolores del Bronx.
Pero ya no me excita la velocidad y me he vuelto drecreído y escéptico.

Sólo sé que hemos sobrevivido a todo
y a todo hemos renunciado a nuestro pesar.

Por eso ya no me pone el sitar soporífero de Ravi Shankar
recostado entre almohadones
ni los sesudos artículos de Truffaut en Cahiers du Cinema
ni los libros prohibidos que llegaban de Francia
ni las proclamas de Sartre impresas en ciclostil
ni la atormentada desesperación de Janis Joplin
ni la leyenda del Che para el culto al merchandising
ni el sopor de naftalina del Waldorf Astoria
ni el impostado jadeo de Jane Birkin
ni los laberintos añiles de Chaouen
ni el pálpito electrizante de Jhon Coltrane
ni las piernas eléctricas de Josephine Baker
ni los ensayos a puerta cerrada del Actor ́s Studio
ni el infierno de Malcolm Lowry ebrio sobre el volcán
ni las famélicas, anoréxicas criaturas de Giacometti
ni las tertulias inocuas del Gijón
ni el surrealismo ortopédico de Frida Khalo
ni la playa de la Mareta en noches sin luna
ni el Dry Martini en Chicote después de la corrida
ni la plaza de Jemma el Fna incendiada al atardecer
ni los baños de Marilyn en nembutal
ni el aullido patético de Allen Ginsberg
ni la revolución en vena como narcótico sublime
ni la fiesta a sangre fría de Truman Capote en el Plaza
ni la guitarra de seda de Chet Beker
ni la pasión española de Hemingway
ni la crucifixión de Francis Bacon por los bares de Madrid
ni las amistades peligrosas en el Tánger internacional
ni Louis Anstrong desfilando un Mardi Gras por Nueva Orleans
ni la rebeldía iconoclasta de Jackson Pollock
ni le bateau ivre naufragando en un mar de absenta
ni el soul comprometido de Nina Simone
ni los sórdidos garitos de Quentin Tarantino...
ni siquiera las tediosas baladas de algún poeta.

Porque sólo me pone el azul de tus ojos en los que ahora me sumerjo
y ese paso de cebra sin señalizar que es la vida.

Primer Premio, en la modalidad Nacional, del XIV Certamen de poesía "Pepa Cantarero"

lunes, 15 de noviembre de 2010

"Inviernos de adolescencia" de Jesús Moracho Sánchez

Adolescencia ingenua

El glamour de los coches deportivos
transitando lo antiguo de Orleans,
los nuevos centros comerciales,
la apertura al turismo de Mercado,
el Tratado de Maastricht, Edimburgo.
Estamos en marzo del 93, aún invierno,
nuestro viaje de fin de curso celebrando
aquellas escaramuzas dentro del hotel,
vestidos de pijama y deseo a rostro oculto,
ceñido a los paisajes más íntimos.
En esta foto salen tus ojos,
el gusto en tus labios sin maquillaje;
-¡ríete boba, cuanto te plazca!-
no me fijé en las cabezas cortadas,
ni en el cielo que adorna Notre Dame;
parecía diferente el entorno y te expresaste
con tu dulce naturalidad mágica.
Esa noche desaparecí sin contarte un secreto,
volví al hotel horas más tarde, ¿lo sabías?
Desfloré el sabor de ese salón vietnamita
en las afueras de París, con algunos políticos,
en el argot de la cosmética contable
y el Mercado Único.
Yo militaba como espía sin cargos
por ser menor, la inocencia de un niño
arropado en el pórtico de adulto
de un muro de carga y letanía.
La recesión entonces marcaba el rumbo
de la Europa, de esa vieja Europa,
siempre distanciada en el Atlántico,
nostálgica en los parterres de Luxemburgo,
en la Sorbona y sus patios.
Mi color político era el del agua,
y mi bandera las estrías de la corriente
intelectual de aquellos días ajenos a los rusos
-no acababa nunca la guerra fría-.
Muchos algoritmos de paz y portada
en la gaceta, artículos de historia,
eran tan sólo apariencia del desnudo.
Tú estabas dormida en el hotel,
tras de aquella fiesta de invitados inoportunos,
sin soñarme despierta.
No había descansos en las calles,
las luces agotadas de la ciudad en ristre
anudaban al Sena sus últimos destellos,
sus gotas de luna, sus antros subterráneos
donde hacía frío de delincuencia,
los parques drogadictos, todo era extraño.
Acabado el invierno volvía a respirar.
Recuerdo aquellos pases de cine
en La Vaguada,
los ratos libres que nos dimos al mirarnos,
tus dudas al besarme –quizás las mías-
la llegada del otoño y el cambio de instituto.
Yo conté en el calendario de mi edad
que el refugio del Château quedaba lejos,
trozos de nostalgia trastocados después,
con nuevos amigos, desamores, paseos,
alguna reunión de viejos alumnos
-aquí me presentaste a tu novio, ¿recuerdas?-.
Aquella noche te guardé un secreto:
pensaba militar en el amor, declarándome
nada inocente, ansioso de tus besos
-quizá esperamos demasiado, ¿o fui yo?-
en tu cielo de altas horas,
revelando a tus fotos prudente la soledad.
Pero estabas acompañada como ahora,
y yo pálido e insípido como el agua helada.
Esa noche sí hacía frío, todo era raro,
y Madrid amanecía parisino sin las rosas,
con el vino tinto de los pasos de cebra
y los semáforos.

Adolescencia osada

Justo a los calzos de la cuesta
empedrada en los recelos amargos,
los cruces embargados en puerta cerrada,
el viaducto y los ruinosos despachos
donde se rubricaba la historia antaño,
acristalados como boda de realeza.
Ninguno de los relojes estuvo intacto,
ni los más puntuales que se vendan
por el cambio de siglo.
De oro solamente los futuros en la noche,
como cazos longevos del cariño
que a tientas existe ingenuo
aunque naufrague el mundo;
aún marchen descuidados, ufanos, valientes,
aquellos capitanes de ala triste
que buscan el jubón amarillo y conceden
enormes las gracias al azar y al juego.
Por entonces el brillo de tus ojos era mirarte,
ceñir tu reloj en retaguardia,
hacer de mechones de espalda mis bolsillos,
cubierta con la capa del desorden
la espada de tu olvido mustio.
Al menos el susurro en callejuelas
oye el eco de tus pasos, que te han visto
cruzar apresurada de otro siglo
el patio al mentidero de la iglesia.
Preguntar por el bautizo de un futuro
y ver el mismo palpitar que se asemeja
a los clérigos contrarios a la orden
de vetar los besos sin nombre y tan callados,
aquellos de invierno, borrachos, caducos,
que se sirven en cazos de cariño.

Adolescencia adulta

Hoy puedo ver a tus ojos cansancio,
escenas de libélulas del flexo
que germinan en papel sucio.
A las lomas del atril convexo de las calles
escribirían los poetas urbanos
ese raro estudio de farolas que alumbran
tu obsceno besar de reciclaje,
la huída de los grupos de charla
a cada noche de alumnas
hablando acerca de antiguos institutos,
sobre sexo borroso y chicos a altas horas,
con tu colegio en libertad bajo fianza
y tu sonrisa pícara y adulta
mayor de dieciocho.
Esos ojos furtivos de tus alas,
ahí empieza la huída desolados
de labio a labio en la penumbra
y rastro devoto de instintos.
De estar segura en mis brazos,
los bancos de jardines esconden
la plenitud de los árboles y sus cortezas,
nuevas siluetas de corazón en los andamios
férreos de las cuentas primitivas.
Se enturbia en tu cabeza frágil
mientras se desmaya la arritmia,
la falda que impregna los vaqueros,
tu flor del orgasmo en pétalos
de respiración entrecortada.
De la alquimia de farolas que delatan,
luce el cielo anaranjado y tenso
descansando en una atmósfera de olor
selecto a tu pulcro idioma,
las termas del invierno dulce al aire,
tus manos furtivas en la sabia
y nuestro corazón apuntalado
como andamio férreo
o enredo de las ramas de los árboles.
Puedo ver tus ojos relajados,
más allá de extraños complacidos
que germinan en el banco sucio del parque.
Ya te hablé de ese raro estudio
en tus labios de universitaria
en los tiempos de entonces,
antes del segundo piso compartido,
en las noches de escapada en tu colegio.


Accésit, en la modalidad Nacional, del XIV Certamen de poesía "Pepa Cantarero"

viernes, 13 de agosto de 2010

"A ti te digo" de Carmen Sampedro Frutos

La nada en mis manos

los miedos repasan.

El reloj de cuco

se burla en mi cara.

Miedo de estar muerta

con las manos blancas

los labios cosidos

la garganta ajada.

La nada nadea

dueña de mi casa

con geranios secos

me lavo la cara.

No hay sepultura

más seca y amarga

que este pozo negro

donde veo mi infancia.

Niñez quebrada.

Pasan los recuerdos

en cajita blanca

mortaja que cubre

toda mi esperanza.

Ah, quién pudiera

volver la cara

y llamar a gritos

a gritos con garra

a gritos urgentes

a toques de campanas

llamar, llamar

gritar, gritar,

que venga a mi casa

que abra mis ventanas

y pronuncie mi nombre

-que nadie proclama-

y su voz compasiva

se acerque a mi alma

y derrita el hielo

que cuaja mi casa.

“A ti te digo, muchacha:

sal fuera, estás viva”.

Y de mis manos

huyera la nada.


Segundo premio, en la modalidad Local, del XIV Certamen de poesía "Pepa Cantarero"

"Ego" de Ana Cortés Nieto

Me preguntas si estuve
y, no, no respondo,
no voy a verme envuelto en mi marea,
de amores odios o venturas,
ni amar en un segundo, el odio y la venganza.

Ni quiero ser la brizna o el polvo
de un camino desandado.

Soy, el laberinto de sueños sin mentiras,
el correr del agua en el arroyo perdido,
en los troncos de los árboles muertos,
el vapor que flota en la atmosfera del tiempo.

No existe la verdad en los sueños,
es todo opaco o cegadora luz,
de astros oprimidos.

Es, el no ser siendo y el no estar,
queriendo ser, parte integra del todo.

Es lodo, a veces cenagal,
de costumbres impertérritas, que avasallan.

El yo imperturbable, se muestra ante el espejo,
inexistente, irreal, pero palpable
al ego que te ahoga y oprime con fuerza.

La frente con sudor, lívido el rostro,
la garganta que oprime tus palabras,
el no saber si la noche es claridad
o el día es noche, si saldrá la luna
como siempre o...quedará oculta
en los pliegues del pasado.

No, no me preguntes, mas no era yo,
pudo ser, el ego que abraza mis sentidos.

Te escribiré un poema de amor o desamor
te dejaré mis letras prendidas en el aire.

Y sentiré que sueñas en mis noches,
que abres tu ventana, al tiempo de mis días,
y quedaré escondido en laberintos nuevos,
trenzando con estrellas fantasías,
navegando en el mar de tus recuerdos,
cuando mi barca surque el océano,
azaroso y gris de mis tinieblas,
quedo, entre nubes de algodón de azúcar,
soñaré que se bañan nuestras almas,
en transparentes, cristalinas
metas de evocación nocturna
y de lamentos grises.

Atraparé las aves con mis manos
esas que vuelan del alma al infinito,
y en madrigal de espumas,
labraré lamentos, en corazón de piedra,
resurgiré de mi nada, para llegar
al todo de tus días y sembraré ramilletes
de bellas esperanzas.

Olvidaré el dolor, de las paredes viejas,
techaré, tu casa, con la sombra
infinita, que siempre te acompaña
y amoblaré tu corazón,
con mimbres amarillos,
colgaré en las ventanas de tus ojos
la belleza imperturbable de la rosa,
y moriré de amor si es necesario,
para volver a nacer con el ímpetu
de las olas, que rompen, en las rocas
que yacen oscuras, impertérritas,
en el fondo de mi mente.

Te pediré que vuelvas y alojes tu verdor,
tu negro fruto,
en las entrañas profundas de mí ser,
que arropes mis sueños con tu luna,
que invadas mi estancia,
con el profundo aroma de tus jaras,
el olor de tus patios en estío,
el jazmín que en mi infancia
me arrullara, en las tardes de siesta,
o el trueque de viejas alpargatas,
por el enorme cucurucho de torraos.
Ya ves, a lo que me lleva,
el laberinto infinito del recuerdo.


Primer Premio,en la modalidad local, del XIV Certamen Poético "Pepa Cantarero"

"El poder del tiempo" de Paula Hernández Liebo

Buscando una llama
en aquel amor desgastado,
cual unos pantalones
que han sido todos los días usados.
Tal vez haya algún resquicio de vida,
algún hilo que muestre
aquel bello pasado.

El tiempo es una navaja
que lima las emociones
y una vía fácil de olvido,
una fuente de desilusiones.

Busquemos el color
en aquel vacío desafiante
aunque el dolor
llegue a ser cortante.

Oigamos el sonido de la cascada
que no parece tener miedo de nada.
Dejémonos llevar por el viento
manteniendo en alto
nuestros sentimientos.


Poesía ganadora del XIV Certamen poético "Pepa Cantarero", en la modalidad de Infantil

"Fiesta en animalandia" de Berta López Salamanca

La oveja traviesa coloca la mesa,
el astuto lobo está inflando un globo,
la abeja muy fiel aporta la miel
y el ratón sin cola un queso de bola.

La linda hormiguilla lleva una rosquilla,
el abejaruco un bollo muy cuco,
la cabra locuela gigantes hojuelas
y el toro del prado prepara el helado.

¡Todo era divino hasta que de un pino
se cayón un piñón y le dió al hurón!

La ardilla de miedo le mordió en un dedo
y el loro, nervioso, picoteó al oso.

Un topo aturdido dió tal alarido
que a la pobre zorra levantó la gorra.

El gato maullaba, el búho volaba
y el gusano enano buscaba a su hermano.

Fueron muy contentos todos al evento
y la fiesta al final, acabó fatal.
 
Yo estoy en pijama metida en mi cama,
termino el relato y... ¡a dormir un rato!
  

Poesía ganadora del XIV Certamen poético "Pepa Cantarero", en la modalidad de Infantil